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Asunción
Mar 13 octubre 2026

Prieto bajo examen, periodistas al rescate

OPINIÓN | Las dudas sobre la preparación de Miguel Prieto para dirigir Paraguay merecen respuestas concretas. La benevolencia periodística y el argumento de que “todavía tiene tiempo para aprender” rebajan la exigencia a un dirigente que pretende llegar a la Presidencia.

La entrevista de Miguel Prieto con Luis Bareiro puso sobre la mesa un problema que sus defensores no pueden resolver con entusiasmo electoral: tener respaldo popular no acredita capacidad para conducir un país.

Pero el debate también debe alcanzar al periodismo. Cuando las dificultades de un presidenciable se justifican con la idea de que podrá prepararse más adelante, la fiscalización pierde fuerza. El candidato recibe una indulgencia que difícilmente se concedería a otros dirigentes.

¿Desde cuándo la preparación para gobernar pasó a ser una tarea que puede dejarse para después de conquistar el liderazgo político?

Prieto pretende encabezar la oposición en 2028. Incluso sostiene que el PLRA debe acompañar desde la Vicepresidencia, porque un candidato liberal tendría dificultades para captar votos colorados. Quien reclama semejante lugar debe explicar qué sabe hacer, qué propone y cómo piensa ejecutar su programa. La confianza en sus posibilidades electorales no lo exime de rendir cuentas sobre su preparación.

La defensa periodística de que “hay tiempo” invierte esa obligación: pide a la ciudadanía que confíe primero y espere las respuestas después. Así, las debilidades del aspirante terminan convertidas en una promesa de aprendizaje.

Un periodista puede reconocer el potencial electoral de Prieto y, al mismo tiempo, exigirle profundidad. Puede cuestionar al oficialismo sin conceder privilegios a quien busca reemplazarlo. La independencia se demuestra especialmente cuando toca incomodar a un dirigente que despierta simpatías.

En una entrevista política, el conductor debe preguntar, contrastar y repreguntar. Si el candidato desconoce un tema, ese límite debe quedar expuesto. Cuando la intervención del entrevistador termina completando la respuesta o aportando el razonamiento que le falta al invitado, el público pierde la posibilidad de evaluar cuánto domina realmente.

El periodista no debe convertirse en el asesor que el candidato necesita para superar una entrevista.

Por eso resulta pertinente examinar también el papel de Bareiro: si sus intervenciones aclararon las preguntas o terminaron facilitando las respuestas. El mismo rigor que se exige a otros políticos debe aplicarse a Prieto. Su condición de opositor no justifica un examen más cómodo.

La reacción de Dionisio Amarilla mostró que las dificultades de Prieto ya forman parte de la disputa opositora. El senador planteó que acompañe a un candidato liberal como vicepresidente y se prepare para competir por la Presidencia en 2033. Es una posición interesada dentro de la pelea por la candidatura, pero Prieto debe responder con propuestas, no solamente con su popularidad.

Tampoco el reconocimiento de Nicanor Duarte Frutos, quien lo señaló como el candidato a vencer, demuestra idoneidad para gobernar. Esa afirmación describe un desafío electoral para el Partido Colorado. No acredita conocimientos ni capacidad de conducción del Estado.

El desgaste del oficialismo hace más urgente construir una alternativa sólida. Utilizar ese desgaste para disculpar las carencias del adversario supone pedirle al país que acepte menos de lo que necesita.

Prieto debe demostrar que puede transformar apoyo electoral en un gobierno competente. Y los periodistas que lo defienden deben explicar por qué consideran aceptable postergar una exigencia tan básica como su preparación.

Paraguay necesita candidatos capaces y periodistas que los examinen. Las entrevistas complacientes y las excusas sobre el tiempo que queda solo ayudan a vender una candidatura cuya capacidad todavía debe demostrarse.

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