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Lun 02 noviembre 2026

ALLIANA, CANDIDATO DE LA DUDA

Pedro Alliana vuelve a poner condiciones para sostener su precandidatura presidencial de cara al 2028. Esta vez, los reclamos apuntan a Santiago Peña: reconoce molestias, cuestiona la falta de coordinación y mantiene abierta la posibilidad de apartarse.

El vicepresidente de la República pretende encabezar el próximo Gobierno, pero sigue sin transmitir certeza sobre su propia postulación. Sus últimas declaraciones vuelven a instalar una pregunta que él mismo alimenta: ¿quiere ser candidato o está buscando las condiciones para dejar de serlo?

“Lastimosamente no me estaban escuchando con algunas cuestiones que debíamos coordinar juntos”, declaró, al reconocer diferencias dentro del Ejecutivo. La frase expone un problema que supera la disputa electoral: quien ocupa la Vicepresidencia admite dificultades para hacerse escuchar en el Gobierno del que forma parte.

Condiciones para competir, responsabilidades para gobernar

Alliana vincula su continuidad en la carrera presidencial con respuestas a los cuestionamientos sobre el sistema financiero y la necesidad de dar tranquilidad a los asegurados del IPS. Son asuntos que merecen explicaciones y medidas concretas. Precisamente por su importancia, resulta cuestionable que aparezcan atados a la suerte de su candidatura.

Si existen problemas que requieren correcciones, su responsabilidad como vicepresidente es impulsar soluciones desde ahora. La protección de los asegurados y la confianza en las instituciones deben tener valor por sí mismas, independientemente de quién compita en 2028.

Además, su planteamiento deja interrogantes esenciales: ¿qué decisiones reclama, qué resultados considera suficientes y hasta cuándo está dispuesto a esperar? Sin esas precisiones, el condicionamiento corre el riesgo de convertirse en otra declaración de malestar sin consecuencias claras.

Del respaldo de Cartes a los reclamos a Peña

La incertidumbre se suma a una trayectoria reciente marcada por tensiones. Alliana defendió su postulación frente a las diferencias con Horacio Cartes y rechazó imposiciones para elegir a su compañero de fórmula. Ahora, el foco de sus reclamos se traslada a Peña.

El efecto político de esa sucesión de pulseadas es el desgaste de su propia palabra. Cada afirmación de continuidad queda expuesta a una nueva condición, y cada anuncio termina acompañado por otra posibilidad de retirada.

Para la dirigencia que debe organizar una campaña, esa indefinición representa una dificultad concreta: resulta complicado construir un proyecto alrededor de alguien que mantiene en discusión si lo encabezará.

La conducción empieza por una decisión

Alliana tiene derecho a revisar su candidatura y a expresar diferencias con el presidente. Pero aspirar a conducir el país exige explicar posiciones, asumir responsabilidades y sostener decisiones.

Sus dudas reiteradas proyectan una imagen de inseguridad política que él mismo deberá resolver. Mientras reclama que Peña lo escuche, también debe ofrecer una respuesta clara a quienes esperan saber qué propone y hasta dónde está dispuesto a sostenerlo.

Antes de pedir confianza para gobernar el Paraguay, Alliana necesita demostrar firmeza para decidir sobre su propia candidatura.

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