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Mié 14 octubre 2026

¡OKAÑY LA PELOTA! Cartes sacudió el tablero, bajó a Alliana y dejó al Gobierno sin rumbo político claro

El presidente del Partido Colorado, Horacio Cartes, decidió retirar su respaldo a la candidatura presidencial de Pedro Alliana y apostar por Juan Carlos Baruja para el 2028. La decisión provocó un verdadero terremoto dentro de Honor Colorado, dejó desconcertados a ministros, legisladores, gobernadores y dirigentes, y abrió una interrogante mucho más preocupante: ¿quién conduce realmente el Gobierno de Santiago Peña?

EL LÍDER MOVIÓ UNA PIEZA Y DESORDENÓ TODO EL EQUIPO

En guaraní existe una expresión popular que describe perfectamente lo que está ocurriendo dentro del oficialismo: «Okañy la pelota».

Se perdió la pelota. Nadie sabe hacia dónde correr, a quién seguir ni cuál será la próxima jugada.

Eso es precisamente lo que parece estar sucediendo dentro de Honor Colorado después de que Horacio Cartes decidiera sacar del proyecto presidencial de 2028 a Pedro Alliana, actual vicepresidente de la República, para impulsar en su reemplazo al ministro de Urbanismo, Vivienda y Hábitat, Juan Carlos Baruja.

La decisión, comunicada personalmente por Cartes a Alliana, no solamente altera las aspiraciones electorales de un dirigente. También pone en evidencia la fragilidad de una estructura política acostumbrada a recibir instrucciones desde arriba y a cumplirlas sin mayores cuestionamientos.

Pero esta vez ocurrió algo inesperado: el dirigente desplazado decidió no agachar la cabeza.

Alliana ratificó que continuará con su precandidatura presidencial y dejó abierta la posibilidad de competir fuera de Honor Colorado.

Y ese detalle cambia radicalmente el escenario político.

CARTES ELIGIÓ A PEÑA, ELIGIÓ A ALLIANA Y AHORA PRETENDE ELEGIR NUEVAMENTE

Durante años, Horacio Cartes consolidó un poder político prácticamente indiscutido dentro de Honor Colorado.

Su influencia resultó determinante en la conformación de la dupla Santiago Peña-Pedro Alliana, que ganó las elecciones generales de 2023.

Hoy, Santiago Peña ocupa la Presidencia de la República y Pedro Alliana, la Vicepresidencia. Ambos llegaron al poder con el respaldo decisivo de la estructura política encabezada por Cartes.

Sin embargo, cuando todavía faltan casi dos años para las próximas elecciones generales, el mismo líder que contribuyó a llevarlos al Palacio de López comienza a modificar unilateralmente el esquema de sucesión presidencial.

Primero se impulsó a Alliana como heredero político. Después se intentó posicionar a Baruja como su acompañante. Y ahora Cartes decide que Baruja sea directamente el presidenciable.

¿Qué garantía tiene cualquier dirigente de Honor Colorado de que mañana no será también descartado por una nueva decisión del líder?

El problema de fondo ya no es solamente quién será el candidato presidencial.

Es el funcionamiento de un movimiento que concentra tanto poder en una sola persona que cualquier modificación de su voluntad puede desorientar a toda su dirigencia.

UN GOBIERNO, VARIOS BANDOS Y DEMASIADAS LEALTADES

El terremoto político encuentra a Santiago Peña en una posición particularmente incómoda.

Es el presidente constitucional de la República, pero también pertenece al movimiento que conduce Horacio Cartes, presidente de la ANR.

Aquí aparece una contradicción que el oficialismo deberá resolver tarde o temprano: ¿la lealtad de los ministros y altos funcionarios está con el presidente de la República, con el vicepresidente o con el presidente del Partido Colorado?

No es un cuestionamiento menor.

Dentro del Gobierno conviven ministros, directores, parlamentarios y operadores políticos cuya principal referencia histórica ha sido Honor Colorado.

Muchos construyeron sus espacios de poder gracias al respaldo de Cartes. Otros mantienen vínculos políticos con Alliana y algunos buscan posicionarse alrededor de Peña.

Hasta hace poco, esas lealtades podían convivir porque todos estaban dentro de un mismo proyecto.

Ahora, con la ruptura en la carrera presidencial, empiezan a entrar en conflicto.

Y cuando las lealtades partidarias se imponen sobre las responsabilidades institucionales, existe un riesgo concreto: que las decisiones del Gobierno comiencen a responder más a la disputa por el 2028 que a las necesidades del país.

Paraguay no puede quedar atrapado en una pelea interna por la sucesión presidencial mientras los problemas de la ciudadanía siguen esperando soluciones.

EL PEÑISMO QUE NO TERMINA DE DESPEGAR

Otro elemento que merece especial atención es la posición de Santiago Peña.

Desde su llegada al poder, el mandatario ha buscado construir una identidad política propia, con dirigentes y funcionarios que respondan directamente a su liderazgo.

Sin embargo, el denominado «peñismo» no ha logrado consolidarse como una corriente con peso propio comparable al aparato de Honor Colorado.

Peña tiene la Presidencia de la República, pero eso no significa necesariamente que controle la estructura partidaria que sostiene a su Gobierno.

Y ahora se encuentra ante una situación difícil.

Si respalda abiertamente a Alliana, podría quedar enfrentado con Cartes. Si acompaña la candidatura de Baruja, corre el riesgo de alejarse de su propio vicepresidente y de importantes sectores territoriales del oficialismo.

Y si permanece en silencio, puede proyectar una imagen de debilidad política.

Hay una pregunta todavía más delicada: si Cartes decidió retirarle su confianza a Alliana, ¿significa que también está revisando el respaldo político que brinda a Santiago Peña?

No existe, por ahora, una confirmación pública de que Cartes haya retirado su apoyo al presidente de la República.

Pero la pregunta es inevitable.

Porque cuando un líder decide modificar el proyecto sucesorio del Gobierno sin lograr previamente un consenso entre sus principales protagonistas, inevitablemente pone en discusión su relación con todo el equipo.

LOS 15 GOBERNADORES LE DIJERON QUE NO A LA DECISIÓN DE CARTES

Quizás la señal más importante de esta crisis sea la reacción de los gobernadores colorados.

Los 15 jefes departamentales de la ANR, a través del gobernador de Guairá, César Sosa, anunciaron su respaldo unánime a la precandidatura de Pedro Alliana.

El pronunciamiento constituye un desafío político significativo para la conducción de Cartes, aunque los gobernadores también pidieron diálogo y unidad partidaria.

No estamos hablando de dirigentes sin estructura.

Los gobernadores tienen influencia territorial, relaciones con intendentes, concejales, operadores políticos y organizaciones partidarias.

Son parte fundamental de la maquinaria electoral colorada.

Si ese bloque mantiene su posición y Alliana decide enfrentar a Baruja, Honor Colorado podría atravesar una disputa interna de consecuencias difíciles de calcular.

Por primera vez en mucho tiempo, la orden del líder no parece suficiente para garantizar el alineamiento automático de todos.

Y eso, políticamente, es mucho más importante que el simple cambio de un candidato.

ALLIANA DESCUBRIÓ QUE TAMBIÉN PUEDE DECIR QUE NO

El vicepresidente Pedro Alliana construyó buena parte de su carrera política dentro del círculo de confianza de Horacio Cartes.

Fue presidente del Partido Colorado, presidente de la Cámara de Diputados y actualmente ocupa la Vicepresidencia de la República.

Su trayectoria está estrechamente relacionada con la estructura política cartista.

Sin embargo, ahora aparece dispuesto a defender una candidatura que considera respaldada por la dirigencia partidaria y no exclusivamente por la voluntad de una persona.

Su frase durante la crisis fue particularmente reveladora:

«No hay que confundir la lealtad con la obsecuencia».

Es una expresión políticamente fuerte, especialmente viniendo de uno de los colaboradores más cercanos de Cartes.

Alliana también confirmó que Cartes le ofreció otras alternativas políticas, entre ellas encabezar la lista de senadores, pero ratificó que su proyecto presidencial continúa firme.

La gran incógnita es si esta resistencia terminará convirtiéndose en una verdadera corriente independiente o si las negociaciones permitirán recomponer el acuerdo.

En cualquier caso, el daño político ya está planteado.

BARUJA: DE MINISTRO A CANDIDATO POR DECISIÓN DEL LÍDER

Juan Carlos Baruja también queda colocado en una posición complicada.

De ser promovido inicialmente como posible compañero de fórmula de Alliana, pasó a convertirse en la principal apuesta presidencial de Cartes.

Pero una cosa es recibir el respaldo del líder y otra muy distinta es construir una candidatura presidencial con legitimidad propia, capacidad de convocatoria y aceptación dentro de toda la estructura partidaria.

Baruja tendrá que demostrar que su candidatura representa algo más que una determinación tomada desde la cúpula.

Deberá convencer a dirigentes que hasta ayer trabajaban por Alliana, enfrentar la resistencia de sectores que cuestionan las imposiciones y construir una propuesta política que pueda sostenerse por sí misma.

Además, su condición de ministro del Gobierno de Peña incorpora otra contradicción.

¿Cómo administrará su responsabilidad dentro del Poder Ejecutivo mientras protagoniza una disputa política que podría enfrentar al presidente de la República con sectores de su propio movimiento?

Esa situación obliga a discutir si resulta conveniente que continúe al frente del Ministerio de Urbanismo mientras se consolida como aspirante presidencial.

La cuestión no es solamente electoral. También es institucional.

EL VERDADERO PROBLEMA: UN GOBIERNO QUE PUEDE QUEDAR PARALIZADO POR LA INTERNA

La ciudadanía tiene motivos para preocuparse.

Mientras el oficialismo comienza a dividirse entre quienes responden a Cartes, quienes acompañan a Alliana y quienes buscan posicionarse alrededor de Peña, los problemas nacionales no desaparecen.

La salud pública, la educación, la inseguridad, el empleo y las necesidades económicas de las familias paraguayas no pueden quedar relegados porque los dirigentes del partido de Gobierno todavía no saben a quién acompañarán en 2028.

El riesgo es que cada ministerio, cada dirección y cada institución termine convertido en un territorio de disputa política.

Que los funcionarios comiencen a calcular qué candidato tendrá más posibilidades de imponerse.

Que los compromisos partidarios pesen más que la gestión.

Y que el Gobierno, en lugar de concentrarse en administrar el país, termine consumiendo buena parte de sus energías en resolver una pelea interna por el poder.

Es precisamente en ese escenario donde cobra sentido la expresión popular:

¡Okañy la pelota!

Porque cuando los jugadores están más pendientes de las órdenes que llegan desde afuera que de lo que sucede dentro de la cancha, el equipo termina perdiendo el rumbo.

¿SE ESTÁ DEBILITANDO EL PODER DE HORACIO CARTES?

La decisión de cambiar a Alliana por Baruja puede interpretarse como una demostración de autoridad de Cartes.

Pero también puede terminar evidenciando los límites de su liderazgo.

Mientras todos aceptaban sus decisiones, Honor Colorado proyectaba una imagen de disciplina y fortaleza.

Ahora que uno de sus principales referentes decide resistir, queda a prueba la verdadera cohesión del movimiento.

Cartes conserva una enorme influencia dentro del Partido Colorado. Sería prematuro afirmar que perdió el control de Honor Colorado.

Sin embargo, los acontecimientos muestran que su autoridad empieza a encontrar resistencias públicas en sectores que hasta hace poco parecían incondicionales.

Y existe una paradoja: en su intento por definir anticipadamente quién debe suceder a Santiago Peña, Cartes podría terminar debilitando políticamente al mismo Gobierno que ayudó a instalar.

La pregunta de fondo es si Honor Colorado funciona como un proyecto colectivo o como una estructura cuya unidad depende de la aceptación permanente de las decisiones de su máximo conductor.

LA OPOSICIÓN OBSERVA MIENTRAS EL OFICIALISMO SE DIVIDE

Una crisis de esta magnitud también modifica el escenario electoral para 2028.

Durante años, una de las principales ventajas del cartismo fue su capacidad de organización, movilización territorial y articulación de sectores políticos.

Si esa maquinaria comienza a fragmentarse, otros sectores de la ANR y de la oposición podrían encontrar oportunidades para disputar espacios que antes parecían consolidados.

Pero sería un error pensar que la división del oficialismo garantiza automáticamente una derrota colorada.

Todavía falta mucho camino electoral y el Partido Colorado ha demostrado históricamente una considerable capacidad para reorganizarse después de sus disputas internas.

Lo cierto es que la crisis introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que el proyecto sucesorio del cartismo deba enfrentarse a una candidatura surgida de sus propias filas.

CANAL-E | ANÁLISIS FINAL

Horacio Cartes quiso resolver anticipadamente la candidatura presidencial de 2028 y terminó abriendo una crisis política dentro del movimiento que sostiene al Gobierno.

Pedro Alliana, el vicepresidente que llegó al poder con su respaldo, ahora amenaza con recorrer su propio camino.

Santiago Peña, presidente de la República, queda en medio de una disputa que puede comprometer su autoridad política y la estabilidad interna de su administración.

Juan Carlos Baruja, el nuevo elegido, deberá demostrar que cuenta con algo más que el apoyo de Cartes para convertirse en una alternativa presidencial.

Y los ministros, directores, legisladores y dirigentes de Honor Colorado enfrentan una situación inédita: decidir a quién responder cuando las principales figuras de su propio espacio dejan de jugar para el mismo equipo.

El gran problema para el oficialismo no es que existan varios candidatos. El problema es que, a casi dos años de las elecciones, comienza a mostrar señales de un poder fragmentado, sin una conducción política compartida y con intereses personales que amenazan con imponerse sobre la gestión del Estado.

Horacio Cartes movió la pelota, pero aparentemente no calculó hacia dónde iban a correr sus propios jugadores.

Y mientras el cartismo intenta reorganizarse, queda una última pregunta:

¿Quién está gobernando Paraguay: Santiago Peña, el presidente elegido por los ciudadanos, o una dirigencia partidaria que ya está pensando en quién ocupará su lugar?

Por ahora, en Honor Colorado, ¡OKAÑY LA PELOTA!

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